martes, 20 de abril de 2010

Camino a la perdición

Cuentan muchas historias sobre Mikel Sullivan. Unos dicen que era un hombre bueno, otros que en él no había ni una pizca de bondad, pero una vez pase seis semanas viajando con él en el invierno de 1931.

Entonces comprendí que el único temor de mi padre era que su hijo siguiera su mismo camino, y aquella fue la última vez que cogí un arma. La gente cree que me crie en una granja, y supongo que en cierto modo así fue, pero antes de eso, viví toda una vida viajando durante aquellas seis semanas en el invierno de 1931. Cuando la gente me pregunta si Mikel Sullivan era un hombre bueno, o si en él no habia ni una pizca de bondad, yo siempre doy la misma respuesta, solo les digo: era mi padre.