lunes, 25 de enero de 2010

Adaptation. El ladrón de orquídeas

Hay alguna idea original en mi cabeza, en mi cabeza calva. Tal vez si fuera más feliz no se me caería el pelo. La vida son dos días, necesito vivirlos al máximo. Hoy es el primer día del resto de mi vida. Soy un tópico ambulante. Tengo que ir al médico a que me vea la pierna, tengo algo, un bulto. No he vuelto a llamar al dentista, lo voy dejando. Si no dejara las cosas de un día para otra sería mas feliz. Paso el día sin mover este culo de foca. Si no tuviera el culo tan gordo sería mas feliz, no tendría que llevar siempre las camisas por fuera, como si engañara a alguien. Foca. Debería empezar a correr otra vez, 8 km al día, pero hacerlo de verdad, o hacer escalada.Tengo que dar un giro a mi vida, qué tengo que hacer. Tengo que enamorarme, tengo que echarme novia, tengo que leer más, cultivarme, y ¿si aprendiera ruso? yo que sé... O a tocar un instrumento, podría aprender chino, sería el guionista que sabe chino y toca el oboe, eso sería brutal. Voy a cortarme el pelo al uno, dejar de hacer creer a todos y a mí mismo que tengo una mata de pelo, qué ridículo. Ser auténtico, una persona segura, eso es lo que atrae a las mujeres. Los hombres no tienen que ser atractivos, aunque eso no es verdad sobre todo hoy en día. Hoy se les exige tanto a los hombres como a las mujeres. Porqué debería creer que tengo que pedir perdón por existir, quizás sea la química celular, quizás eso es lo que me pasa, una alteración química, todos mis problemas y mi ansiedad podrían deberse a un desequilibrio químico, a una serie de sinapsis defectuosas. Tengo que hacérmelo mirar, pero seguiré siendo feo, eso no tiene cura.

Yo quería apasionarme con algo tanto como la gente se apasionaba por esas plantas, pero no, eso no va conmigo. Supongo que sí tengo una pasión confesable; quiero saber lo que se experimenta al sentir tanto pasión por algo.

Si se llega a tener la suerte de ver una orquídea fantasma todo lo demás queda eclipsado. Si la orquídea fantasma era realmente un fantasma tenía tanto embrujo que seducia a la gente hasta obsesionarla año tras año y fatalmente km tras km. Si era una flor de verdad yo quería ver una, y no era porque me encantaban las orquídeas, ni siquiera me gustan demasiado, lo que yo quería ver era eso que atraía a la gente de forma tan especial y apasionada.

Hay demasiadas ideas y cosas y gente, demasiadas direciones que tomar. Empecé a pensar que la razón por la que era tan imprtante apasionarse por algo es que de esa forma se esculpe el mundo a un tamaño más manejable.

La mayoria de la gente anhela algo extraordinario, algo tan estimulante que arriesgaria todo por ese deseo, pero muy pocos harían algo. Es muy fuerte y enajenante estar junto a alguien tan lleno de vida.

La vida parecía estar llena de cosas similares a la orquídea fantasma, fascinantes para la mente, cautivadoras para el corazón, pero un poco fantásticas, efímeras e inalcanzables.

- Nos van a pillar
- No creo
- No quiero morir Donald, he desperdiciado mi vida, joder, la he despercidado. Te admiro Donald, lo sabes. He pasado la vida paralizado pendiente de lo que la gente pensara de mí, y tú, tú no te enteras de nada
- Claro que me entero
- No, no lo entiendes, te lo he dicho como un cumplido. Recuerdo un día en el instituto, te miraba por la ventana de la biblioteca y hablabas con Sara Morsh
- Dios mío, estaba loco por ella
- Ya lo sé. Y tonteabas con ella, y ella estaba encantadora contigo
- Sí, me acuerdo
- Y luego cuando te fuiste, empezó a reirse de ti con su amiga y fue como si se burlaran de mí. Tú no tenías ni idea, parecías tan contento...
- Ya lo sé, lo sabía
- Y ¿cómo estabas tan contento?
- Queria a Sara, Charles, y ese amor era mío, yo era el dueño, ni Sara tenía derecho a privarme de eso. Yo puedo querer a quien quiera
- Pero a ella le parecias ridículo
- Pero ese era su problema, no el mío. Uno es lo que ama, no lo que le ama, eso lo decidí hace mucho tiempo.

viernes, 22 de enero de 2010

Uno de los nuestros

Si formas parte de un grupo nadie te dice que van a matarte, no hay ni peleas ni insultos como en las películas. Los asesinos llegan con una sonrisa, llegan como amigos, son los que te han querido toda tu vida y parecen llegar siempre cuando más necesitas su ayuda.
Me encontré con Jimmy en un sitio muy frecuentado que conociamos los dos. Llegué un cuarto de hora antes pero Jimmy ya estaba allí. Estaba junto a la ventana para ver a todo el que llegaba al restaurante, quería estar seguro de que no le seguían. Estaba nervioso, no había tocado la comida. En apariencia no pasaba nada, sencillamente hablabamos de mi caso, pero tuve la sensación de que Jimmy quería saber si iba a traicionarle para salvar el pellejo.

A todos nos era muy fácil desaparecer. Mi casa estaba a nombre de mi suegra, los coches estaban a nombre de mi mujer, mis carnets de la seguridad social y de conducir eran falsos, nunca votaba, nunca pagaba impuestos, mi certificado de nacimiento y mi ficha de la policía eran las únicas pruebas de que estaba vivo. Lo que más me costaba era dejar aquella vida, me gustaba esa vida, nos trataban como a estrellas de cine peligrosas, teníamos todo solo con pedirlo y nuestras mujeres, madres, hijos, todos disfrutaban de lo que hacíamos. Tenía bolsas de papel llenas de joyas apiladas en la cocina, tenía un azucarero lleno de coca junto a la cama, podía tener todo lo que quería con una simple llamada de teléfono. Coches, las llaves de una docena de apartamentos en toda la ciudad, apostar veinte o treinta mil dólares en un fin de semana y luego gastar las ganancias en una semana o pedir prestado para pagar al corredor de apuestas. No importaba, eso no significaba nada, cuando no tenía un centavo en el bolsillo iba y robaba más. Controlábamos todo, untábamos a la mafia, untábamos abogados, untábamos a los jueces, todo el mundo ponía la mano y por ese motivo todo podía comprarse.

Y ahora todo se va, eso es lo más duro, que hoy todo es distinto, no hay aliciente, tengo que esperar como todo el mundo, ni siquiera me mandan comida decente. Nada más llegar a aquí pedí espaguetis con salsa marinada y me mandaron macarrones con ketchup. Soy un don nadie y tengo que vivir el resto de mi vida como un gilipollas.

sábado, 9 de enero de 2010

AzulOscuroCasiNegro

-¿No tienes la sensación de que siempre hay algo en medio?
-¿En medio de qué?
-De lo que quiero.

El precio de la verdad

El periodismo está lleno de fantasmas, de fanfarrones e imbéciles, están siempre vendiéndose, negociando los contactos, intentando parecer más importantes de lo que son. Lo bueno es que esta clase de periodistas te ayudan a destacar, si eres incluso un poco humilde, un poco modesto o solicito, puedes sobresalir. Por eso le llevas el almuerzo a un compañero si aun no ha terminado su artículo, te acuerdas de los cumpleaños. Es cierto que el periodismo es un trabajo muy duro, todos estamos bajo presión y nos sacrificamos por sacar un número a tiempo, nadie duerme apenas, pero a veces puedes esbozar una sonrisa.

Algunos periodistas creen que el contenido político es lo que hace memorable un artículo. Yo creo que son las personas que descubres, sus rarezas, sus defectos, aquellos que los hacen graciosos o más humanos. El periodismo es el arte de captar el comportamiento.

Tienes que saber para quién escribes y tienes que saber qué se te da mejor. Yo tomo nota de lo que hace la gente, averiguo lo que la conmueve, lo que les asusta, y sobre eso escribo. Son las personas las que cuentan la historia, y sabéis, esa clase de artículos también pueden ganar un Pulitzer.