lunes, 20 de septiembre de 2010

21 Black Jack

"A ganar, a ganar, pollo para cenar". Esas palabras llevaban toda la noche rondándome la cabeza. En fin, es una leyenda de las Vegas. Si se lo preguntas a cualquiera de los viejos jefes del lugar, lo sabrán. Fue un crupier chino de Vinyols a quien se atribuye la autoría de la frase. La gritaba cada vez que salía 21. De eso hace ya más de 40 años, pero la frase sigue teniendo gancho. "A ganar, a ganar, pollo para cenar". Prueba a ver. La había oído al menos unas 14 veces aquella noche, era imposible perder. En primer lugar, lo que estaba haciendo no era ilegal. Ciertas personas e instituciones lo veían con malos ojos, pero es legal. Y no todo el mundo es capaz. Hay que tener una mente privilegiada y yo la tengo. Así me metí en este lío. Contando cartas gané más de 640.000 dólares. También usábamos señales; los brazos cruzados, la mesa está caliente; tocarse el ojo, tenemos que hablar; y acariciar una melena lustrosa de cabellos perfectos sólo significaba una cosa, evaporarse ya. "A ganar, a ganar, pollo para cenar"

Decepcioné a mis amigos, pero resulta que a ellos tampoco se les daba mal la matemática básica. Me ligué a la chica más guapa de la facultad. Me dio una paliza un matón de vieja escuela de las Vegas que buscaba tener una buena pensión de jubilación. Pero hice un trato con él que le aseguró una buena pension. Y le mentí a mi madre, pero luego confesé la mentira y... bueno, aún me quiere. Así que, durante mi último año de carrera me uní a un equipo y desarrollé una nueva habilidad. Fui a las Vegas en 17 ocasiones para ponerla en práctica. Gané cientos de miles de dólares contando cartas y me lo robaron todo, ¿sabe usted cuántas veces? Dos. ¿Qué tal como experiencia vital? ¿Le he deslumbrado? ¿Le he dejado asombrado?

Rounders

Escuchad, así es el juego; si no distingues al primo en la primera media hora de partida, es que el primo eres tú. Los tíos que saben dicen: juega para ganarte la vida. Es como cualquier trabajo. No apuestes en balde, saca tajada. La meta es ganar una buena apuesta cada hora, conseguir la pasta cuando llevas la mejor mano, y protegerte cuando no, no jugar porque sí. Así es como me he pagado media carrera de derecho. Soy como una hormiga, procuro ganar un poco cada vez. Aunque también he aprendido que si eres demasiado precavido tu vida acaba siendo un coñazo.

El juego en cuestión es el sin límite de Texas, mínimo para entrar 25 mil dólares. Una partida como esta no suele verse fuera de los casinos. Las apuestas atraen a perdedores forrados y ellos atraen a los tiburones. El sin límite de Texas es el cadillac del poker. A cada jugador le reparten dos cartas boca abajo y se dejan 5 más boca arriba en medio de la mesa. Son cartas que todos pueden usar para hacerse con la mejor mano posible. La clave esta en jugar con el hombre, no con las cartas. No hay otro juego en el mundo en que las fortunas pasen tan rápidamente de una mano a otra. Un jugador brillante podría palmar incluso con una buena mano, luego empezaría a fallar y perdería hasta la última ficha. Por eso los campeonatos mundiales se deciden en una mesa sin límite. Hay gente, incluso profesionales, que nunca juegan al sin límite, no soportan la presión. Pero hay otros, como Doyle Brunson, que consideran el sin límite el único juego en estado puro. Como dijo Papa Valenda; mi vida es el riesgo, el resto es solo espera.

jueves, 9 de septiembre de 2010

500 días juntos

Esta es una historia de chico conoce a chica. El chico, Tom, de Nueva Jersey, creció pensando que nunca sería feliz hasta encontrar el amor de su vida. Esta creencia le venía de su afición desde tan temprana a la música triste del pop británico, y a una mala interpretación de la película "El graduado". La chica, Summer, de Michigan, no compartía esa creencia. Desde la ruptura del matrimonio de sus padres, sólo amaba dos cosas; la primera era su largo pelo negro; la segunda, lo fácil que era cortárselo y no sentir nada. Tom conoce a Summer el 8 de enero. Casi de inmediato se da cuenta de que es la chica que ha estado buscando. Esta es una historia de chico conoce a chica, pero más vale que sepáis de entrada que no es una historia de amor.

Si Tom había aprendido algo, era que no se podía atribuir una importancia cósmica a un simple acontecimiento terrenal. Casualmente a eso se reduce todo, nada más que casualidad. Tom por fin había aprendido que no existían los milagros, que no existía el destino, que nada está predestinado. Lo sabía, ahora estaba seguro de ello. Tom estaba... bastante seguro.