Escuchad, así es el juego; si no distingues al primo en la primera media hora de partida, es que el primo eres tú. Los tíos que saben dicen: juega para ganarte la vida. Es como cualquier trabajo. No apuestes en balde, saca tajada. La meta es ganar una buena apuesta cada hora, conseguir la pasta cuando llevas la mejor mano, y protegerte cuando no, no jugar porque sí. Así es como me he pagado media carrera de derecho. Soy como una hormiga, procuro ganar un poco cada vez. Aunque también he aprendido que si eres demasiado precavido tu vida acaba siendo un coñazo.
El juego en cuestión es el sin límite de Texas, mínimo para entrar 25 mil dólares. Una partida como esta no suele verse fuera de los casinos. Las apuestas atraen a perdedores forrados y ellos atraen a los tiburones. El sin límite de Texas es el cadillac del poker. A cada jugador le reparten dos cartas boca abajo y se dejan 5 más boca arriba en medio de la mesa. Son cartas que todos pueden usar para hacerse con la mejor mano posible. La clave esta en jugar con el hombre, no con las cartas. No hay otro juego en el mundo en que las fortunas pasen tan rápidamente de una mano a otra. Un jugador brillante podría palmar incluso con una buena mano, luego empezaría a fallar y perdería hasta la última ficha. Por eso los campeonatos mundiales se deciden en una mesa sin límite. Hay gente, incluso profesionales, que nunca juegan al sin límite, no soportan la presión. Pero hay otros, como Doyle Brunson, que consideran el sin límite el único juego en estado puro. Como dijo Papa Valenda; mi vida es el riesgo, el resto es solo espera.
El juego en cuestión es el sin límite de Texas, mínimo para entrar 25 mil dólares. Una partida como esta no suele verse fuera de los casinos. Las apuestas atraen a perdedores forrados y ellos atraen a los tiburones. El sin límite de Texas es el cadillac del poker. A cada jugador le reparten dos cartas boca abajo y se dejan 5 más boca arriba en medio de la mesa. Son cartas que todos pueden usar para hacerse con la mejor mano posible. La clave esta en jugar con el hombre, no con las cartas. No hay otro juego en el mundo en que las fortunas pasen tan rápidamente de una mano a otra. Un jugador brillante podría palmar incluso con una buena mano, luego empezaría a fallar y perdería hasta la última ficha. Por eso los campeonatos mundiales se deciden en una mesa sin límite. Hay gente, incluso profesionales, que nunca juegan al sin límite, no soportan la presión. Pero hay otros, como Doyle Brunson, que consideran el sin límite el único juego en estado puro. Como dijo Papa Valenda; mi vida es el riesgo, el resto es solo espera.
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