"A ganar, a ganar, pollo para cenar". Esas palabras llevaban toda la noche rondándome la cabeza. En fin, es una leyenda de las Vegas. Si se lo preguntas a cualquiera de los viejos jefes del lugar, lo sabrán. Fue un crupier chino de Vinyols a quien se atribuye la autoría de la frase. La gritaba cada vez que salía 21. De eso hace ya más de 40 años, pero la frase sigue teniendo gancho. "A ganar, a ganar, pollo para cenar". Prueba a ver. La había oído al menos unas 14 veces aquella noche, era imposible perder. En primer lugar, lo que estaba haciendo no era ilegal. Ciertas personas e instituciones lo veían con malos ojos, pero es legal. Y no todo el mundo es capaz. Hay que tener una mente privilegiada y yo la tengo. Así me metí en este lío. Contando cartas gané más de 640.000 dólares. También usábamos señales; los brazos cruzados, la mesa está caliente; tocarse el ojo, tenemos que hablar; y acariciar una melena lustrosa de cabellos perfectos sólo significaba una cosa, evaporarse ya. "A ganar, a ganar, pollo para cenar"
Decepcioné a mis amigos, pero resulta que a ellos tampoco se les daba mal la matemática básica. Me ligué a la chica más guapa de la facultad. Me dio una paliza un matón de vieja escuela de las Vegas que buscaba tener una buena pensión de jubilación. Pero hice un trato con él que le aseguró una buena pension. Y le mentí a mi madre, pero luego confesé la mentira y... bueno, aún me quiere. Así que, durante mi último año de carrera me uní a un equipo y desarrollé una nueva habilidad. Fui a las Vegas en 17 ocasiones para ponerla en práctica. Gané cientos de miles de dólares contando cartas y me lo robaron todo, ¿sabe usted cuántas veces? Dos. ¿Qué tal como experiencia vital? ¿Le he deslumbrado? ¿Le he dejado asombrado?
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