jueves, 18 de noviembre de 2010

Gran Torino

- He estado pensando en nuestra conversación sobre la vida y la muerte, en lo que dijo, en lo de que tiene que cargar con todas las cosas horribles que se vio obligado a hacer, cosas horribles que jamás se le olvidarán. Creo que le vendría bien liberarse de parte de ese peso. Las cosas que se hacen en la guerra son terribles; recibir órdenes de matar, matar para salvarse, para salvar a otros. Tiene razón, son cosas de las que no sé absolutamente nada, pero sí sé bastante del perdón, y he visto a muchos hombres confesar sus pecados, admitir su culpabilidad y dejar atrás esa carga tan pesada, hombres más fuertes que usted, hombres a los que en la guerra les ordenaron hacer atrocidades y que ahora viven en paz.
- Bueno, tengo que reconocerlo padre, ha venido con toda la artillería esta vez.
- Gracias.
- Y en una cosa tiene razón, en eso de que hombres más fuertes que yo alcanzan la salvación. Pues joder, aleluya. Pero se equivoca en otra.
- ¿En qué Señor Kowalski?
- Lo que más atormenta a un hombre es lo que no le ordenan hacer.

lunes, 15 de noviembre de 2010

Infiltrados

No quiero verme condicionado por mi entorno, quiero que mi entorno se vea condicionado por mí. Hace años, teníamos a la Iglesia, que no era más que una forma de decir que sólo nos teníamos los unos a los otros. Los caballeros de Colón eran auténticas bestias, spaguetti de pura cepa. Se hicieron con su parte de la ciudad. Veinte años después de que un irlandés no consiguiera un puto trabajo, tuvimos la presidencia, que en paz descanse. Eso es lo que los negros no entienden. Si tengo algo en contra de la gente de color es eso; nadie te da nada, tienes que cogerlo.

Un hombre forja su destino. Nadie te da nada, tienes que cogerlo, "Non serviam". Los spaguetti de Providence intentaron decirme lo que tenía que hacer, y según tengo entendido, algo les pasó... Si decides lo que quieres ser, puedes serlo. Eso es algo que no te enseña la Iglesia. Cuando tenía tu edad, nos decían: podéis ser polis o delincuentes. Hoy, lo que yo digo es esto; cuando tienes delante una pistola cargada, ¿cuál es la diferencia?

lunes, 8 de noviembre de 2010

El ilusionista

Conocemos toda su vida. Hemos hablado prácticamente con todo el que le conoce. Dicen que de niño tuvo un encuentro casual con un mago itinerante. Una versión de la historia dice que después aquel hombre se desvaneció junto con el árbol, quien sabe qué pasó en realidad... La gente empezó a pensar que él tenía algún tipo de poder especial, o al menos que era algo distinto a los demás. Luego la conoció a ella.

Ella volvió al castillo y les prohibieron volver a verse, pero pronto desobedecieron. A lo largo de los años siguientes siempre encontraron la forma de verse y estar juntos. Lo que pasó después continua siendo un misterio. Sabemos que él viajó por el mundo, que comenzó a realizar su magia en público, y se cambió el nombre por el de Eisenheim, y casi quince años más tarde apareció en Viena.

El caso Slevin

Todo empezó por un caballo, y por lo que a veces ocurre en el mundo de las apuestas. Un individuo quiere lo que se llama una apuesta segura y hace lo que sea para conseguirla.

En el ajo está Doc, un timador conocido por su simpatía, aunque no muy discreto. Lo mismo se podría decir de la amante que se tiraba a Doc, lo que nos lleva a Abe, porque Gloria estaba demasiado buena para jugar en un solo equipo. Abe no era de meter las narices, pero si algo le daba en la nariz... y justo debajo de la nariz tenía la boca. Siempre hay alguien que es todo oídos y que podría ser el tío de cualquiera. En menos de lo que canta un gallo la gente se contagia del "yo quiero" y raja por los codos. Luego, como un buen vino en el paladar, te llega hasta los oídos ofreciéndote una apuesta segura y lo que es aun peor, empiezas a creértelo. Eso fue lo que le pasó a nuestro hombre, Max. Nada le salía bien, estaba harto, harto de ser un perro pero sin llevar su vidorra, harto de despertarse y descubrir que sus sueños solo eran sueños, pero sobre todo estaba harto de no tener un jardín delante de su casa.

Max despertó y descubrió que su sueño solo había sido castillos en el aire. Charlie Chaplin participó en un concurso de dobles de Charlotte en Montecarlo y acabó tercero. Eso es una anécdota, esto es otra cosa.

Los Tenenbaums. Una familia de genios

Royal Tenenbaum compró la casa de la Avenida Archer en el invierno de su trigésimo quinto año de vida. A lo largo de la siguiente década, su mujer y él tuvieron tres hijos, y luego se separaron. Nunca llegaron a divorciarse legalmente. Etheline Tenenbaum se quedó la casa y cuidó a los niños, cuya educación era su mayor prioridad. Incluso escribió un libro sobre el tema titulado "familia de genios".

Desde que estaba en la escuela primaria, Chas Tenenbaum comía casi siempre en su cuarto, de pie junto a su mesa y con una taza de café en la mano para ahorrar tiempo. Estando en sexto curso montó un negocio de cría de ratones dálmatas que vendía a una tienda de mascotas que había en Little Tokio. En la preadolescencia comenzó a adquirir inmuebles mostrando un entendimiento casi antinatural de las finanzas internacionales. Él fue quien negoció la compra de la residencia de verano de su padre en la isla de Eagle. Aquel perdigón aun sigue alojado entre dos de los nudillos de la mano izquierda de Chas.

Margot Tenenbaum había sido adoptada cuando tenía dos años, y su padre siempre lo había hecho saber al presentarla. Escribía teatro y obtuvo la beca Breiderman de cincuenta mil dólares estando en noveno curso. Ella y su hermano Richie se escaparon de casa un invierno para acampar en la sala africana del museo municipal. Compartieron un saco de dormir y sobrevivieron a base de galletitas y refrescos. Cuatro años después, Margot desapareció durante dos semanas, esta vez sola, y cuando volvió le faltaba medio dedo.

Richie Tenenbaum era campeón de tenis desde que estaba en tercer curso. A los 17 años se hizo profesional y ganó el abierto de los Estados Unidos tres años seguidos. En un rincón de su cuarto tenía un estudio de pintura, pero nunca llegó a desarrollar sus habilidades pictóricas. Los fines de semana, Royer le sacaba a conocer la ciudad, excursiones que nunca hacía con nadie más.

Eli Cash, el mejor amigo de Richie, vivía con su tía en la casa de enfrente, y era habitual verle por allí en las reuniones de familia, en vacaciones, por las mañanas antes del colegio, y la mayoría de las tardes.

Los tres hermanos Tenenbaum interpretaron la primera obra teatral de Margot el día en que ésta cumplió 11 años. Habían acordado invitar a su padre a la fiesta. Desde entonces no volvieron a invitarle a ninguna de sus fiestas, y de hecho, prácticamente todos los recuerdos de los brillantes hermanos Tenenbaum habían sido borrados por dos décadas de traiciones, fracasos y catástrofes.

El club de la lucha

La gente suele preguntarme si conozco a Tyler Dunder. Cuando el cañón de un arma se aloja entre los dientes apenas se entienden las vocales. Por un instante, me olvido de toda la teoría de Tyler sobre las técnicas de demolición, y me pregunto si estará limpia el arma.

Todos sabemos que se suele dañar más a la persona que quieres, pero también puede ser al revés. Tenemos butacas en primera fila para asistir a esta destrucción masiva. La sección de demoliciones del proyecto Mayhem ha colocado cargas de dinamita gelatinosa en los pilares maestros de una docena de edificios. Dentro de dos minutos las primeras detonaciones activarán las cargas y unas cuantas manzanas se verán reducidas a humeantes escombros. Lo sé porque lo sabe Tyler. De repente me di cuenta de que todo, las armas, las bombas, la revolución, estaba interrelacionado con una joven llamada Marla Singer.

V de Vendetta

Recuerden, recuerden, el 5 de noviembre. Conspiración, pólvora y traición. No veo la demora y siempre es la hora de evocarla sin dilación.

Pero..., ¿qué ha sido del hombre? Sé que se llamaba Gay Fox, y sé que en 1605 quiso hacer saltar por los aires el Parlamento británico, pero ¿quién era realmente? ¿Cómo era? Nos dicen que recordemos los ideales, no al hombre, porque con un hombre se puede acabar, pueden detenerle, pueden matarle y pueden olvidarle, pero 400 años más tarde los ideales pueden seguir cambiando el mundo. Yo he visto con mis propios ojos el poder de los ideales, he visto a gente matar por ellos y morir por defenderlos. No se puede besar un ideal, ni tocarlo o cazarlo. Los ideales no sangran, no sufren, y tampoco aman, pero no es un ideal lo que yo echo de menos, sino un hombre, un hombre que me hizo recordar el 5 de noviembre, un hombre al que jamás olvidaré.