lunes, 8 de noviembre de 2010

El caso Slevin

Todo empezó por un caballo, y por lo que a veces ocurre en el mundo de las apuestas. Un individuo quiere lo que se llama una apuesta segura y hace lo que sea para conseguirla.

En el ajo está Doc, un timador conocido por su simpatía, aunque no muy discreto. Lo mismo se podría decir de la amante que se tiraba a Doc, lo que nos lleva a Abe, porque Gloria estaba demasiado buena para jugar en un solo equipo. Abe no era de meter las narices, pero si algo le daba en la nariz... y justo debajo de la nariz tenía la boca. Siempre hay alguien que es todo oídos y que podría ser el tío de cualquiera. En menos de lo que canta un gallo la gente se contagia del "yo quiero" y raja por los codos. Luego, como un buen vino en el paladar, te llega hasta los oídos ofreciéndote una apuesta segura y lo que es aun peor, empiezas a creértelo. Eso fue lo que le pasó a nuestro hombre, Max. Nada le salía bien, estaba harto, harto de ser un perro pero sin llevar su vidorra, harto de despertarse y descubrir que sus sueños solo eran sueños, pero sobre todo estaba harto de no tener un jardín delante de su casa.

Max despertó y descubrió que su sueño solo había sido castillos en el aire. Charlie Chaplin participó en un concurso de dobles de Charlotte en Montecarlo y acabó tercero. Eso es una anécdota, esto es otra cosa.

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