sábado, 26 de febrero de 2011

Valor de ley

La gente no daba crédito a que una niña saliese de su casa en invierno para vengar a su padre, pero sucedió. Yo tenía 14 años cuando un cobarde llamado Tom Chaney disparó a mi padre robándole la vida, el caballo y dos monedas de oro de California que llevaba en la cinturilla del pantalón. Chaney trabajaba para mi padre. Le había llevado a Fordbiz con él para conducir ponys mesteños que había comprado de vuelta a casa. En la ciudad, Chaney se había dedicado a beber y a jugar a las cartas, y perdió todo su dinero. Se le metió en la cabeza que le estaban haciendo trampas y volvió a la pensión a por su rifle. Cuando papá intentó intervenir Chaney le disparó. Chaney salió huyendo. Pudo haberse ido andando pues ni un alma en esa ciudad se molestó en darle caza. Sin duda, Chaney creyó que había salido impune de aquello pero se equivocaba. En este mundo se paga por todo antes o después. Nada es gratis, salvo la gracia de Dios.

Para cuando llegamos a la tienda tenía la mano negra. No estaba despierta cuando perdí el brazo. Según me dijeron, el alguacil se quedó a mi lado hasta que estuve fuera de peligro, pero se fue antes de que me despertara. Ya en casa, le escribí y le invité a venir a vernos cuando estuviera por el Condado de Jeil y recogiera los 50 dólares que aún le debía. No recibí noticias del alguacil Cogburn y no apareció por casa. Pero un día recibí una carta suya en la que incluía un folleto. Decía que estaba de gira con un espectáculo de vaqueros haciéndose más viejo y más gordo. Preguntaba si querría ir a visitarle cuando el espectáculo estuviera en Menfis para compartir recuerdos. Decía que comprendería si el viaje me parecía demasiado largo. Era una nota breve pero plagada de faltas de ortografía. Hice que trasladaran el cuerpo a nuestro cementerio y lo he visitado a lo largo de los años. Sin duda, la gente lo comenta. Dicen: apenas lo conocía, ¿no es una solterona malhumorada? Es cierto que no me he casado. Nunca he tenido tiempo que malgastar. No supe nunca más del agente de Texas LaBoeuf. Si aún sigue vivo estaría encantada de saber de él. Imagino que ya ronda los 70, puede que casi los 80, y supongo que ya no será tan estirado. El tiempo se nos escapa.

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