Y así fue como, en el penúltimo día de trabajo, el pelotón de convictos que había alquitranado el tejado del taller la primavera de 1949 terminó sentado a las 10 de la mañana bebiéndose una cerveza Pilsner helada por cortesía del mayor cabronazo que jamás haya estado al cuidado de una prisión estatal. Ese maldito capullo incluso logró parecer benévolo. Nos sentamos a beber con el sol a la espalda y nos sentimos como hombres libres. Diablos, fue como si estuviéramos alquitranando el tejado de una de nuestras propias casas. Era como si fuéramos los señores de la creación. En cuanto a Andy, se pasó todo el descanso sentado a la sombra con una extraña sonrisa en su rostro mirando cómo nos bebíamos nuestra cerveza. Algunos dirán que lo hizo para ganarse el favor de los celadores o para ganarse amigos entre los presos, pero yo creo que lo hizo para volver a sentirse normal, aunque fuera solo por un momento.
- Te diré a dónde iría yo. A Zihuatanejo. Está en México, un pueblecito frente al Pacífico. ¿Sabes qué dicen los mexicanos del Pacífico? Que no tiene memoria. Por eso quiero acabar mi vida allí, en un cálido lugar sin recuerdos. Abriré un pequeño hotel junto a la playa, me compraré una barca vieja, la arreglaré un poco y llevaré a los clientes a pescar. Me resultaría útil allí un hombre que consigue cosas.
- Te diré a dónde iría yo. A Zihuatanejo. Está en México, un pueblecito frente al Pacífico. ¿Sabes qué dicen los mexicanos del Pacífico? Que no tiene memoria. Por eso quiero acabar mi vida allí, en un cálido lugar sin recuerdos. Abriré un pequeño hotel junto a la playa, me compraré una barca vieja, la arreglaré un poco y llevaré a los clientes a pescar. Me resultaría útil allí un hombre que consigue cosas.
- No creo que sobreviviera fuera de aquí. He pasado aquí más de media vida. Ya estoy institucionalizado igual que lo estaba Brooks.
- Te estás subestimando.
- No lo creas. Quiero decir, aquí dentro soy el tipo que consigue cualquier cosa, pero afuera ya tienes las páginas amarillas. Yo no sabría ni por donde empezar. El océano Pacífico... Joder, algo tan grande me asusta.
- A mi no. No maté a mi mujer ni tampoco a su amante. Si cometí errores ya los he pagado y con intereses. Esa barca, ese hotel... no creo que esté pidiendo demasiado.
- No deberías torturarte de esa forma, Andy. No es más que un puto sueño. México está en el quinto coño y tú estás aquí, y eso es lo que hay.


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